Dopamina, la forma de entender a los niños y su atracción por las tecnologías.

Dopamina, la forma de entender a los niños y su atracción por las tecnologías.

Hace poco os hablamos en redes de la dopamina.

Es un neurotransmisor con múltiples funciones en nuestro cerebro. La más conocida es la relacionada con el placer.

Con los likes, videojuegos, recompensas rápidas… los niveles de dopamina se disparan en muy poco tiempo. Ese placer que sentimos, nos hace querer sentirlo otra vez, entrando en un círculo de DESEO-ACCIÓN-RECOMPENSA que te anima a querer más.

La dopamina en grandes cantidades, ese placer que nos hace sentir, es difícilmente sustituible. Jugar con una pelota, charlar, jugar a juegos de mesa… te hace segregar dopamina, pero no en las cantidades que lo hacen los videojuegos, por ejemplo. Por eso, no querer jugar a otras cosas tiene una explicación científica. Y también que reaccionen con frustración, desgana y un largo etc..

En este post hemos recopilado información de distintas fuentes para que las familias entendamos mejor qué pasa en nuestros cerebros y en los de los más pequeños. La información es poder y nos dará la opción de entender mejor algunos comportamientos y nos ayudará a tomar decisiones.

Harald Sitte, del MedUni Vienna’s Institute of Pharmacology, dice que…

«La liberación de dopamina puede hacer que las personas se conviertan en adictos ya que siempre están buscando el placer y llegar a niveles cada vez más altos”

¿Por qué sentimos tanta atracción por las tecnologías?

Un experimento en ratas, realizado por Peter Miler y James Olds, de la Univesidad McGill, Canadá, en 1953 tiene muchas de las respuestas a lo que hoy nos pasa con las tecnologías.

Comenzaron el estudio implantado unos electrodos en el cerebro de las ratas para estudiar una estructura llamada sistema reticular del cerebro medio.

Pero, por error, los investigadores implementaron los electrodos en otro lugar.

El experimento consistía en introducir la rata en una caja con esquinas etiquetadas como A, B, C y D. Cada vez que se acercaba a la esquina A, la rata recibía una descarga. Se dieron cuenta que empezó a mostrar mucho interés por la esquina A. Lo repitieron con la esquina B y pasó lo mismo.

Olds y Milner decidieron introducir una palanca dentro de la caja para que fuera la rata la que decidiera cuándo recibir la descarga y poder estimularse a así misma.

Extracto de un artículo de Xataca:

“Lo que sucedió quizá sea el experimento más impresionante de la historia de la neurociencia de la conducta: las ratas llegaron a pulsar la palanca hasta siete mil veces por hora para estimularse el cerebro, tal y como explica David J. Linden en La brújula del placer:

Pero lo que estimulaban no era un “centro de la curiosidad”, sino un centro de la recompensa, un circuito del placer cuya activación era mucho más potente que cualquier estímulo natural. Varios experimentos posteriores revelaron que las ratas preferían la estimulación del circuito del placer a la comida (aunque estuvieran hambrientas) o al agua (aunque pasaran sed). Las ratas macho que se autoestimulaban no hacían caso de una hembra en celo, y, para llegar a la palanca, cruzaban una y otra vez una rejilla electrificada que les aplicaba descargas en los pies. Las ratas hembra abandonaban a su camada recién nacida para seguir pulsando la palanca. Algunas ratas llegaron a autoestimularse hasta dos mil veces por hora durante veinticuatro horas con exclusión de cualquier otra actividad. Para impedir que murieran de inanición había que desconectarlas del aparato.

 Olds y Milner llegaron a una conclusión revolucionaria para la época: que la conducta estaba tan impulsada por el placer como por el dolor

¿Qué sentiría un ser humano si se sometiera a esta clase de experimento? ¿Funcionamos igual los humanos?

La respuesta es sí. Robert Galbraith Heath, realizó un experimento poco ético entre los años 1949 y 1980. Fue fundador y director del Departamento de psiquiatría y neurología de la Universidad de Tulane de Nueva Orleans.

Galbraith llevó a cabo sus investigaciones con el objetivo de usar la estimulación cerebral para aliviar síntomas de trastornos como la depresión mayor y la esquizofrenia.

El experimento concluyó que los humanos reaccionamos igual que las ratas. Pulsando el botón de manera compulsiva. Y otros experimentos similares llevados a cabo por otros investigadores en mujeres dieron resultados de adicción compulsiva a la recompensa.

La dopamina proporciona un aumento de motivación y de energía, que no es en sí mismo un problema, ya que está pensado para recompensar actividades básicas de la vida: comer, tomar un café… pero cuando exponemos a nuestro cerebro a conductas compulsivas que estimulan continuamente el sistema de recompensa podemos llegar a perder el control.

Álvaro Bilbao, doctor en psicología y neuropsicólogo, nos habla en uno de sus libros “El cerebro del niño explicado a los padres” de la importancia de que los niños antes de los 6 años, no se entretengan con pantallas. En unos de sus capítulos habla de una región en el cerebro emocional, que se llama cuerpo estriado, que tiene mucha relevancia en los gustos y apetencias.

Está directamente ligada con la atención e identifica qué juegos son mejores en función de:

  1. La velocidad en la que llega la satisfacción.
  2. Y la intensidad del estímulo.

Cuánto más llamativo gratificante o novedoso sea, más enamorado se queda de la actividad. Esta parte del cerebro puede “llenarse” de muy pocos objetos de deseo.

Por eso una vez que cae en las redes de las aplicaciones y videojuegos, puede perder el interés por todo lo demás.

Existen muchos casos de niños diagnosticados con TDA (trastorno de déficit de atención) que realmente han perdido el interés por el resto de cosas.  En el libro “Reinicia el cerebro de tu hijo” se plantean varios casos reales en los que niños que estaban siendo medicados, pero no mejoraban, una desintoxicación de pantallas los llevó a mejorar de manera radical.

Como familias, cuanta más información tengamos, tomaremos mejores decisiones.

No dejemos que las tecnologías controlen nuestra vida. Y vivamos de manera inteligente todas las oportunidades que nos ofrece.

Igual que educamos en otros aspectos de su vida: alimentación, cultura, viajes, la exposición a las tecnologías y cómo utilizarlas tiene que estar en nuestra lista de prioridades ya que van a vivir en un mundo lleno de ellas. Y además de tener cosas maravillosas, tiene otras, que no lo son tanto.

A medida que se hacer mayores debemos aprender a diferenciar entre la tecnología que les hace perder el tiempo y aquella que les ayuda a mejorar como las competencias tecnológicas: aprender a enviar un email, crear una carpeta, hacer un album de fotos, aprender a dibujar…

Y nuestra obligación como madres y padres es educarles en el uso responsable de las tecnologías.

Referencias para escribir este post:
*David J. Linden. La brújula del placer.
*Xataca
https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-boton-del-placer-en-ratas-y-seres-humanos-que-se-autoestimulan-como-adolescentes-dandole-al-boton-de-una-consola-de-videojuegos-i
https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-boton-del-placer-en-ratas-y-seres-humanos-que-se-autoestimulan-como-adolescentes-dandole-al-boton-de-una-consola-de-videojuegos-y-ii
*El cerebro del niño explicado a los padres de Álvaro Bilbao.
*Reinicia el cerebro de tu hijo de Victoria Dunckley.
*https://psicologiaymente.com/neurociencias/cuerpo-estriado
*https://www.heraldo.es/noticias/salud/2016/08/31/la-otra-cara-dopamina-1036182-2261131.html
*https://psicopedia.org/5187/dopamina-y-recompensa-la-cara-oculta-de-la-adiccion/
*Sal de la máquina: https://www.youtube.com/watch?v=YOB1jiWQhoI
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